Pabellón C

Siempre me ha gustado escribir, he estado un tiempo sin muchas ganas para hacerlo, pero ahora mi mente empieza otra vez a activarse, voy contar una historia de tarde de lluvia, viento y frío… puertas chirriando y pasillos fantasmales. Las tardes de invierno dan para mucho sobre todo en algunos trabajos.

“-¿De verdad tengo que ir? –Pregunte -¿Qué yo sepa siempre se hace la ronda de ese pabellón por la mañana?

– ¿Y? ¿No me digas que un hombretón como tu tiene miedo? Yo no puedo dejar el cuarto de cámaras, ya lo sabes.

-¿Pero es necesario? –insistí.

-¿Si no como narices vas a averiguar que es lo que esta produciendo ese maldito ruido? –Grito a través del walki -¡Y date prisa! Me esta poniendo de los nervios.

Sin esperar respuesta corto la comunicación.

Llevaba un año trabajando como vigilante en el hospital era, hasta ese momento, un trabajo sin muchas complicaciones. El pabellón C llevaba cuatro años cerrado, los motivos nadie los sabía con exactitud;

Una versión era que se había quedado obsoleto y la reforma suponía más gasto que hacer uno nuevo. Otros que al reducir personal no se podía mantener abierto y, los más imaginativos,  que al ser el pabellón de los enfermos mentales, estaba poseído por las almas de los pacientes fallecidos allí. Conclusión nadie sabía a ciencia cierta cuál era el motivo real de su cierre, sólo que un día se tomo la decisión de cerrarlo y ya esta.

Desde el momento de su cierre se hacia la ronda cada quince días exactos, siempre en turno de mañana y dos vigilantes. Cuando pregunte el motivo dijeron que por seguridad;

“Pero si esta vacío” pensé, pero no hice más preguntas porque nadie parecía querer responderlas

. Cada vez que hacia  la ronda salía  empapado en sudor, tenso y con lo pelos de punta, el silencio que reinaba, la sensación de soledad, pero al mismo tiempo como si te estuvieran observando era espeluznante. Sólo respiraba cuando salía de allí y oía cerrarse la puerta detrás de mí… y ahora, allí estaba frente a la puerta que comunicaba con el pasillo del dichoso pabellón C, solo y de noche.

El ruido se oía desde primeras horas de la tarde, se interrumpió sobre las nueve para volver a oírse otra vez a las once. Desde entonces no había cesado, el único sitio de donde parecía venir era de dicho pabellón. Eran las tres de la mañana y habían autorizado entrar para averiguar que era lo que lo producía. A esas horas con todo en silencio retumbaba por todas las salas, era un golpeteo constante, como el de un martillo contra algo metálico… tan… tan…

Según abrí la puerta se hizo el  silencio, quede inmóvil durante bastante tiempo esperando;

“Bien” Pensé, no me moví… no oía nada… quizás por fin había parado, durante lo que me pareció una eternidad no se oyó. Di un paso atrás dispuesto a marcharme… pero no…  otra  vez el martilleo repetitivo; “Mierda voy a tener que entrar sin remedio”.

Cruce el umbral para que se fueran encendiendo las luces por sensor del largo pasillo, me sudaban las manos:

-¿A que estas esperando? –Casi se me cae de las manos el walki del susto, mi compañero tan delicado como siempre –Te estoy viendo de lo más indeciso.

-¡Joder! ¡Vaya susto me has dado! Vuelve a revisar las cámaras –susurre al aparato y mirando a la cámara que enfocaba la puerta.

-¿Tu eres tonto? No se ve nada, llevo toda la tarde mirándolas, tengo los ojos secos como el esparto de mirarlas. ¡Quieres  darte prisa! Seguro que es una chorrada –volvió a gritarme.

-Si es una chorrada ¿Por qué no vienes tú? –volví a susurrar al aparato.

-Definitivamente eres tonto –le oí reírse ¿Y porque hablas tan bajo? Tiene miedo de que te oigan los fantasmas.

Termino con el clásico Uuuuuuuuu…

“Imbecil” –Pensé, pero no pude evitar sentir un escalofrío.

Comencé a recorrer el largo pasillo que comunicaba con el siguiente edificio. La llave temblaba entre mis dedos cuando abrí la puerta de la sala principal. Las luces se encendieron automáticamente  quedando iluminada por completo la sala. Había tres puertas en la pared de la derecha, una doble en la pared de enfrente, que era la que comunicaba con el pasillo de las habitaciones. En la pared de la izquierda dos más, la de la cafetería y otra que era un despacho. A parte del puñetero ruido, todo era silencio, no se veía nada fuera de lo normal, salvó el parpadeo de las luces del fondo. Inspeccione las tres puertas de la derecha… cerradas, la cafetería… cerrada al igual que el despacho de la izquierda. Quedaba la zona de las habitaciones, según me acercaba a la puerta el tan… se oía con más intensidad. Al estar junto al lugar de donde parecía salir el ruido era diferente, como el de los platillos de una orquesta. Me costo abrir la puerta imagino que debido a mis nervios, el pasillo no tenía luces de sensor con lo cuál tenía que dar al interruptor. Se fueron encendiendo poco a poco. El ruido volvió a cesar nada más cruzar la puerta:

“Joder”

Era como si me estuvieran viendo  y se burlaran de mí, permanecí inmóvil, el silencio era tal que podía oír los latidos de mi corazón golpeando contra mi pecho:

“Contaré hasta veinte y si no vuelve a sonar me largo…”

Conté y seguí contando… pensé en avisar al compañero de que me largaba porque ya no se oía nada y todo estaba en orden. Seguramente diría que ya que estaba allí revisara todo. Sólo por no oírle reírse me arme de valor y decidí continuar, a pesar del miedo que sentía. Mis pasos resonaban en el pasillo, a cada lado del pasillo había puertas de las habitaciones. Una por una las revise asegurándome de que estaban cerradas, el ruido seguía sin oírse, sólo mi respiración agitada llegaba hasta mis oídos. Cada vez andaba más deprisa para llegar al final comprobar la ventana y marcharme de allí lo más rápido posible.

Llegue a la última puerta al levantar la mano para comprobarla note una ráfaga de aire frío. Giré en redondo pensando que alguien había pasado junto a mí, era la misma sensación, pero allí no había nadie, estaba completamente solo miré la ventana y descubrí que estaba abierta:

“¿Como narices?” –me pregunté.

Era imposible, no debería estar abierta, sólo se abría por dentro y  todo estaba cerrado cuando,  yo había abierto todas las puertas, allí solo estaba yo… ¿Cómo era posible?

Como un tonto  miraba la venta sin saber que hacer… estaba tan sorprendido y a la vez tan asustado. Se suponía que no había nadie en ese pabellón en ese preciso momento, lentamente reaccione y la cerré. La ventana no estaba forzado simplemente alguien la había abierto:

“Algún compañero la habrá… no se,  se le olvidaría cerrarla. ¿Pero abrirla para que? Daba a un pequeño jardín interior donde sólo había un árbol medio seco” –me dije a mi mismo para tranquilizarme –“Algún desesperado por fumar”.

Ya quedaba menos la última  puerta y me largaría cagando leches de allí, al poner la mano en el tirador esta se abrió sola, muy despacio, al mismo tiempo que el ruido retumbaba con fuerza de nuevo  en el pasillo, di unos pasos hasta chocar con la pared de detrás aterrado. El miedo se apodero de mí, solo tenía deseos de salir corriendo:

“¿Cómo es posible? No puede ser que el mismo idiota que dejara la ventana abierta… abriera la puerta” –Pensé intentando controlar mi miedo.

-Central ¿me escuchas? –llame a mi compañero –Central ¿me oyes?

Nada, sólo un ronroneo sordo salió del walki, baje el volumen más:

-¡Maldita sea! ¿Quieres contestar! –Susurre insistente -¿Me oyes?

Nada… miré hacia el interior de la  habitación por la puerta entreabierta sólo se veía oscuridad, ni una luz, ni una señal… de algo… sólo el desesperante ruido y oscuridad. No sabía que hacer el miedo me tenía paralizado. ¿Cómo era posible? Lo de la ventana podía ser una casualidad pero la habitación. Nunca se abrían, sólo se comprobaban que estuvieran cerradas. Por más que me esforzaba no recordaba que nadie hubiese comentado alguna incidencia en la última ronda. El maldito ruido seguía martilleándome el cerebro impidiéndome pensar con claridad. De repente pude ver como la puerta se abría lentamente por completo, como si alguien lo hiciera desde dentro, pero yo no veía nada. Temblaba como una hoja y mis pies permanecían clavados al suelo. La puerta se abrió por completo pero no había nada, o al menos no se veía nada, seguía sin poder moverme:

“Dios… que narices…” Las piernas no me respondían… quería correr pero era como si mi cerebro no le mandara las señales correctas a mis pies… El golpeteo se había detenido, yo no sabía desde cuando, en su lugar el más absoluto silencio, sólo oía mi respiración y el golpeteo de mi corazón. Lentamente reaccione y me fui alejando de la dichosa puerta, comencé a retroceder hacia el final del pasillo sin apartar los ojos de la puerta, cada vez que daba un paso hacia atrás iba más deprisa. Cuando llegue al final gire para echar a correr lo más rápido posible, me daba igual que se quedaran las puertas y las ventanas abiertas… como si quemaba todo el maldito pabellón entero, justo cuando salía por la puerta de acceso vi salir un sombra de la habitación, se movió lentamente por el pasillo. Eché a correr hacía la puerta principal al mismo tiempo que todas las luces se iban apagando a mis espaldas,  no volví a mirar a la sombra, no quería saber que narices era, si era una alucinación debido al miedo o algo real. Frene en seco contra la puerta la rodilla derecha se estampo con ella, sentí un dolor agudo mientras mis manos intentaban tirar del pomo para abrirla, se me resbalaba, no podía abrir:

-¡Maldita sea ábrete! –grite desesperado.

No quería mirar detrás de mí, estaba aterrado, sentía como algo se acercaba, podía notarlo, sentirlo…

-Ábrete –volví a gritar mientras forcejeaba con la puñetera puerta.

Sentí frío… un aire helado me envolvió quede quieto sin volverme, temblando como una hoja, era incapaz de girarme. La sensación de que no estaba solo era horrible y no quería saber que había detrás de mí:

-Por favor no me hagas daño –conseguí articular con voz temblorosa –por favor, sólo quiero salir de aquí.

-Shhhhhh no tengas miedo –oí susurrar junto a mi  oído al mismo tiempo que notaba un peso en mi hombre derecho.

Gire muy despacio la cabeza y pude ver una mano alargada negra transparente apoyada  con suavidad. Durante unos minutos interminables nos quedamos allí parados, yo sintiendo un miedo atroz y… y la sombra… presencia o lo que fuera a mi lado sin decir nada más, ni hacer nada.

-Por favor, por favor… deja que me vaya. –murmuraba a modo de plegaría.

Cuando ya no podía aguantar más sonó el walki:

-¿Qué demonios estas haciendo? –Grito la desagradable voz de mi compañero –llevo un rato intentado hablar contigo y no hay manera, las cámaras se quedaron sin imagen durante 5 segundos ¿has podido averigua algo?

Las luces se volvieron a encender y deje de sentir la presencia a mi lado, ya no tenía frío y un sentimiento de paz me invadió. Muy despacio me di la vuelta, nada allí no había nada, ni nadie. Las luces encendidas y todo parecía normal, no se oí ningún ruido, sólo mi respiración agitada. Me incline un poco para ver el pasillo de las habitaciones a través del cristal de la puerta, la ventana estaba cerrada y no parecía abierta la última puerta.

“¿Cómo es posible?” –pensé.

¿Qué había sido exactamente lo que había pasado? De repente es como si no hubiese ocurrido nada, no sentía ni miedo. Mire mis manos ya no temblaban, tenía la sensación que despertaba de un sueño. La voz de mi compañero insistía, oía como gritaba y despotricaba, pero no me importaba:

-¿Que…? –empecé a preguntarme en voz alta.

Mis pensamientos se interrumpieron por las voces que seguía dando mi compañero:

-Maldita sea… cuando vengas aquí vas a recibir lo que es bueno –gritaba -¿Quieres contestar? Te estoy viendo apoyado en la puerta.

Mire hacia la cámara, y levante el pulgar  al mismo tiempo que movía los labios con un OK, si contestaba tendría que dar una explicación que no tenía.

-Todo en orden – conteste mientras  cerraba la puerta del pabellón C.

-¿Todo en orden? ¿Qué significa eso? –Volvió a gritar -¿qué no hay nada? ¿Qué había algo? ¿Qué lo has solucionado?

-Todo en orden –volví a repetir, mientras apaga el walki, no quería oír su desagradable voz.

Lentamente comencé alejarme del pabellón. Por más que mi cabeza daba vueltas  para intentar comprender  lo que había pasado, no encontraba nada lógico a lo ocurrido. Mi compañero parecía no haber visto nada a través de ninguna de las cámaras, ya que no comento nada cuando grito por el aparato, dijo algo de cinco segundos,   pero yo estuve dentro más de cinco segundos, de hecho me pareció haber estado una eternidad, tenía la sensación de que el tiempo no corría.

Nada más entrar en la habitación me vi en envuelto en un interrogatorio de tercer grado… no solté prenda. Sabía  que si le comentaba algo me tomaría por loco o por idiota, su palabra favorita, y al día siguiente se encargaría de pregonarlo por todo el hospital. Ya podía oírlo describiendo mi experiencia “fantasmal”. Me limite a informarle  que no encontré nada fuera de lo normal, que el ruido se detuvo y no volvió a oírse. Se quedaría  en una anécdota más para alimentar la fama del pabellón C. El resto de la noche pasó en un suspiro, no hubo más incidentes, ni nada digno de reseñar. Mientras nos cambiábamos él intento, de nuevo, averiguar algo más, yo seguí sin revelar  nada.

Durante días no deje de pensar en esa noche, si fue real o fruto de mi imaginación, enturbiada por la tensión del momento, no tenía una explicación lógica, cada vez que  pasaba delante de la puerta  sentía un escalofrío y desviaba la mirada por miedo a ver la sombra.

El día que tocaba ronda por el pabellón intentaba por todos los medios evitarla, tres  veces lo conseguí, la cuarta no pude librarme. No ocurrió nada, ni un ruido, la ventana cerrada, al igual que la puerta, todo normal. También es verdad que íbamos dos personas y era por la mañana, aunque el recuerdo de esa noche venía a mi mente una y otra vez mientras recorríamos todas las salas, y no dejaba de temblar. Pasados  cinco meses la comunidad decidió derribar dicho pabellón para ampliar el parking del hospital, las historias sobre extraños sucesos siguieron un tiempo, pero al final todo se olvido.”